San Pablo dice:
“Él es imagen de Dios invisible, primogénito de toda criatura; porque por medio de Él fueron creadas todas las cosas: celestes y terrestres, visibles e invisibles, Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades, todo fue creado por Él y para Él” (Col. 1, 15-16)
En el mundo de los ángeles, a similitud del de los humanos, hay unos que se ocupan de unas cosas, y otros de otras. Aunque los ángeles no tienen que cultivar, ni construir casas, se ocupan en glorificar a Dios, en profundizar en el mundo del conocimiento, en relacionarse entre sí y en ayudar a los hombres
Dice el Padre José Antonio Fortea: “En una universidad, por ejemplo, puede haber cientos de profesores, cada uno especializado en una rama del saber. En una universidad trabajan cientos de profesores, catedráticos, tutores, becarios, y todo ese trabajo, toda esa actividad está en orden a producir una sola cosa: conocimiento. Lo mismo sucede en el mundo de los espíritus angélicos”
Los ángeles conforman una verdadera sociedad. Las relaciones entre ellos no son solamente de conocimiento sino también de caridad. Los ángeles se quieren, se reencuentran, se cuentan las cosas. No olvidemos que los ángeles son, al igual que nosotros, entendimiento y voluntad. Y cada ángel se caracteriza por algo en especial que otro tiene menos. Por ejemplo uno brilla en inteligencia, otro en humildad, otro en simpatía, otro en fervor....
San Pablo nos dice que hay nueve jerarquías de ángeles. En realidad hay tres jerarquías, jerarquía superior, jerarquía intermedia (parece que ésta es la que rige el universo) y jerarquía inferior. Lo que ocurre es que cada jerarquía se subdivide en otras tres más. En total hay nueve coros. Jerarquías o coros es lo mismo. Los santos padres y los teólogos los llaman coros porque esos grupos es como si formarán coros que cantan las alabanzas de Dios.
“Las jerarquías superiores –nos dice el Padre Fortea- son más poderosas, bellas e inteligentes que las inferiores. Cada ángel es completamente distinto de otro ángel. No hay razas de ángeles, por usa un término terrenal, sino que cada uno agota su especie”.
A pesar de esta diferencia abismal entre uno y otro, sí que es posible agrupar a los ángeles en distintos grandes grupos o jerarquías. Todo esto vale también para los demonios. Como dice el Padre Fortea: “De cada uno de las nueve jerarquías cayeron ángeles transformándose en demonios. Es decir, hay demonios que son virtudes, potestades, serafines, etc. Aunque sean demonios siguen conservando intacto su poder e inteligencia”
Parece ser –según han manifestado los sacerdotes y estudiosos de la angeología- que existe un poder de los superiores sobre los inferiores. Pero no olvidemos que para Dios, al menos para los ángeles buenos, “el que sea primero que se ponga el último a servir a los demás”.
LOS NUEVE COROS DE LOS ÁNGELES
Jerarquía Superior (Serafines, Querubines y Tronos)
El Coro de Serafines.-
Es el coro bienaventurado por excelencia. Ellos son puro fuego de amor al servicio de Dios. Ellos están incesantemente adorando, amando y alabando a la Santísima Trinidad. Ese es su oficio y en eso precisamente consiste su beatitud. De día en día, de hora en hora, su amor se inflama sin cesar de nuevo hacia el amor supremo.
El Coro de Querubines.-
Son como la guardia privada de Dios. El celo personal y personificado por la gloria de Dios y por su defensa. Fue precisamente un Querubín el que expulsó a nuestro primeros padres del Paraíso terrenal. Delante del trono del Papa hay cuatro querubines. También delante de muchos Santuarios particularmente venerados, hay un Querubín. Dice Ana Catalina Enmerich que debemos invocarles en todas las tentaciones contra la fe. También dice ella que son muy apropiados para las almas escrupulosas, en especial aquellos que están asediados contra la santa virtud de la pureza.
El Coro de los Tronos.-
Es un coro real. Se dice eso porque cada obispado, lo mismo que cada reino o cada comunidad de claustro, tiene un ángel del coro de los tronos. Ellos presentan al Altísimo las oraciones de su Diócesis, de su reino o de su convento, ennoblecidas y santificadas por su propia oración. Una disposición divina ha querido que se les mencione en el prefacio. El Ángel de España, lo mismo que el Ángel de Portugal que se apareció en Fátima, pertenece a este concreto coro real.
Jerarquía intermedia (Dominaciones, Principados y Potestades).-
El Coro de las Dominaciones
Los ángeles de este coro son donados a todos aquellos que son llamados a enseñar, sea en una Universidad, sea en una cátedra, sea en un Concilio, sea sobre determinado asunto en la dirección espiritual. Los misioneros suelen ser protegidos por estos ángeles. Son los ángeles en ayudarnos a extender el reino de Dios sobre la tierra. Los superiores de un seminario, así como los seminaristas, tienen uno al lado de ellos; y estos ángeles les inspiran a que recen por la conversión de los que están en el error o en la incredulidad, o por los malos católicos.
El Coro de los Principados.-
Cada parroquia tiene un ángel que pertenece a este coro. Son –según Catalina Enmerich- grandes, de aspecto majestuoso. Están arrodillados delante del santísimo Sacramento y oran noche y día por todas las familias de la comunidad parroquial. Ellos conocen a todos los parroquianos de su Iglesia e imploran el perdón cada vez que se produce un escándalo. Su rostro es amigable y lleno de afecto, y se ensombrece de gran tristeza cuando alguien recibe los sacramentos de una manera poco digna o de forma sacrílega.
El Coro de las Potestades.-
“Los Ángeles del Coro de las Potestades son grandes, salvo raras excepciones”, dice Anna Catalina Enmerich. Ellos están dedicados exclusivamente al servicio de los sacerdotes. Parece –siempre según la Venerable religiosa- que tienen un aspecto grave y que el demonio huye de este coro. Las Potestades velan sobre los sacerdotes, especialmente en cuanto al cumplimiento de su función.
Es muy importante el invocarlos cuando se sufre de aridez en la oración y de sequedad espiritual. También cuando uno está tentado de ceder a la cólera o impaciencia.
Jerarquía inferior (Virtudes, Arcángeles y Ángeles). Este coro, en principio, es el que está más cerca de los hombres. Aunque todos ayudan al hombre si se les invoca.
El Coro de las Virtudes.-
Estos ángeles personifican la virtud, que es una fuerza en el orden del bien. Dios los envía a aquellos que ponen toda su fuerza de voluntad y toda su perseverancia para llegar a ser mejores. Son ellos los que nos ayudan a ir extirpando defectos. Son los que nos advierten, y los que a veces nos han salvado de caer en el pecado de forma casi milagrosa, o nos han ayudado a perseverar en el bien. Esto es sólo posible sin violar la voluntad humana, cuando el pecador, aunque débil, quiere de todo corazón no ceder a las tentaciones y permanecer en gracia de Dios.
Entiendo que para el lector este concreto coro puede serle de inestimable ayuda para avanzar por el sendero de la virtud y perfección.
El Coro de los Arcángeles.-
Son aquellos que nos ayudan en situaciones difíciles y extraordinarias. Por ejemplo nos dan la fuerza que necesitamos para soportar amarguras, sufrimientos y pruebas, las cuales nos aplastarían. Como mensajeros que son llevan noticias importantes.
El Coro de los Ángeles.-
Son los ángeles custodios que nos guían y protegen, día y noche. No se separan nunca, aunque no se les invoque. Son los mensajeros entre Dios y nosotros para las cosas frecuentes de cada día. Enjugan nuestras lágrimas, velan sobre nosotros y llevan nuestras oraciones y peticiones delante del Señor.
Estos son las nueve jerarquías o coros. No olvidemos que su existencia nos está revelada por las Sagradas Escrituras. Todos, en realidad, no sólo el último coro, están a nuestro servicio, y la devoción hacia ellos aumentará en nosotros la virtud y la santidad.
NATURALEZA Y SANTIDAD
¿Cuáles son los más santos de todos?. ¿Cómo es que el arcángel San Miguel, Príncipe de la Milicia celestial, no pertenece a la Jerarquía Superior?. Ante todo conviene distinguir entre naturaleza y santidad. Son dos cosas distintas, y esto vale tanto para los ángeles buenos como para los malos. No hay relación en la jerarquía de los ángeles entre naturaleza y virtud, o entre naturaleza y pecado. Una naturaleza angélica de la última jerarquía puede ser mucho más santa (o diabólica) que una superior. El mal que puede cometer un ser libre no depende de la inteligencia, ni del poder que posea. Esto lo vemos entre los hombres. Un simple trabajador puede ser mucho más santo que un presidente de Gobierno. Esto es obvio, y hasta me atrevería a decir que suele ser lo más frecuente, aunque también puede haber una persona de condición social humilde que sea más perversa que un tirano. Por tanto un ángel de la última jerarquía puede ejercitar más sus virtudes que uno de la más alta jerarquía. De la misma manera que una viejecita humilde puede ser más santa que un arzobispo o un sumo pontífice.
Por tanto el Arcángel San Miguel podría ser el más santo, sin pertenecer a una jerarquía superior. Lo mismo que San Francisco de Asís, que no pasó de diácono en el orden sacerdotal, está muy alto en el cielo. Lo que temen los demonios es la santidad, no el poder. La pregunta, nos obstante, que se hace el Padre Fortea sobre este tema es si la jerarquía que nos da la Biblia (ángeles, arcángeles, virtudes...) es una jerarquía de gracia o de naturaleza. Su opinión de exorcista consumado es que es una jerarquía según la naturaleza angélica. “Pues las descripciones visuales de los cuatro vivientes alrededor del Cordero (los ángeles de la mayor jerarquía) dan más bien impresión de poder y conocimiento. El nombre de principado o potestad son nombres que indican más bien poder. Además es más sencillo hacer jerarquía de la naturaleza que de la gracia” (Cuestión 16 del libro Summa Daemoniaca).