viernes, 09 de noviembre de 2007
Estoy leyendo un libro sobre la vida de Santa Catalina de Siena, de Editorial Palabra, que me ha impactado en verdad mucho por la luz que da. Dios me pide fe y en consecuencia obediencia, es decir, que sepa ver en el Papa y en sus prelados a Cristo, evitando que la pasión, o el amor propio, me lleven a separarme de la Iglesia.

En todo los tiempos, no sólo ahora, ha existido y existirá pecado. “Es imposible que no haya escándalos”, dice Jesucristo (Lc. 17, 1). Los pastores fallan en su fidelidad al Señor y escandalizan con su tibieza. Esto provoca malestar en unos, así como distintos tipos de persecución en otros. No siempre los ataques son justificados, pues el demonio no para de calumniar a través de los medios de comunicación contra la Iglesia y sus sacerdotes, pero sí es verdad que las debilidades humanas son y han sido la causa en ocasiones de muchos pecados y de muchas críticas.

Esto lo sabía bien el Señor cuando creó el orden sacerdotal, y quizás por eso eligió a Judas como Apóstol, permitiendo que formase parte de la Jerarquía, aun sabiendo que no iba a perseverar en el amor a Cristo ni a permanecer fiel a las inspiraciones de la gracia.

Santa Catalina, con su luz sobrenatural, decía: “Porque Él mismo dijo a sus apóstoles: <> (Lc. 10, 16). “Y los sucesores de los apóstoles son ellos, y los obispos. Y por muy indignos que sean, tienen el poder, recibido de Él mismo, de hacer que el Señor descienda al altar en forma de pan y vino. Sí, es Él, el Gran Capitán en persona, quien está en sus manos, por mucha que sea su indignidad. Por eso debemos respetarlos a todos, sean malos o buenos”.

En otra ocasión un noble le dijo a Catalina de Siena: “A los sacerdotes hay que exigirles que den ejemplo”. Esta sentencia ha estado muchas veces en nuestros pensamientos, cuando no en nuestra boca. Santa Catalina, inspirada por Dios, contesta a esta sentencia:

“No seáis tan categórico. Eso endurecerá vuestro juicio”. “Todos hemos de empezar por conocernos a nosotros mismos. Si así lo hacemos, pronto dejaremos de juzgar a los demás. Aunque un sacerdote no dé buen ejemplo, aunque sea un malvado, tiene poder para darnos el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Sólo por eso respetarlo”.

CONSTRUIR SOBRE CRISTO Y CON PEDRO

Oremos, en consecuencia, por aquellos, que de forma imprudente, a pesar de su posible buena intención, están contra el actual Papa.. Como dijo él mismo en Cracovia, el pasado mes de mayo del año 2006, ante 600.000 jóvenes:

<>



El Papa es el representante legítimo de Dios en la tierra. Es Cristo en la persona del Papa. No debemos fijarnos tanto en su persona, en su carisma o en su inteligencia sino en el cargo sagrado que ostenta. Dios dirige a su Iglesia por medio de su Vicario.

En cierta ocasión que le hablaban de libertad unas personas de Florencia que se habían rebelado contra el Papa Gregorio XI, la santa les dijo:

“¡Libertad! La única verdadera libertad, para los hijos de Dios, es hacer Su Voluntad, no rebelarse contra Su Vicario en la tierra!

Y en otra ocasión añadió:

“…desearía ver en Vuestras Señorías verdaderos hijos y no rebeldes contra vuestro Padre, pues Dios ha instituido las cosas de tal forma que por sus manos viene a nosotros la Sangre de Cristo y todos los Sacramentos de la Iglesia. No hay otro camino. Lo que le hacemos a él, se lo hacemos a Cristo en los cielos, sea reverencia o infamia”

Santa Catalina, Doctora de la Iglesia, tenia muy clara esta idea: Atacar a la Iglesia es quedar fuera de la protección de Dios. Hipotecar nuestra salvación eterna. No se puede vencer luchando contra el Papa, decía. La historia así lo demuestra. Por eso a algunos que perseguían a la Iglesia, les dijo:

“¿No veis que por vuestra falta de fe y persecución a la Iglesia, Dios está en guerra con Vuestras Señorías por el mal trato que habéis dado a Su Vicario, vuestro Padre, y os tornáis impotentes, pues no contáis con su ayuda?”

“Cuando se persigue a la Iglesia y a sus pastores, los perseguidores se justifican señalando sus miserias y su malicia, pero aun así yo os digo que es Voluntad de Dios que aunque sean demonios encarnados debemos someternos a ellos, no por su causa, sino por Dios. Pues Cristo quiere que obedezcamos a Su Vicario”

“Hijos míos, os lo suplico con lágrimas, no aguardéis a que la ira de Dios recaiga sobre vosotros, no sigáis permaneciendo ciegos y obstinados”

En otra ocasión le dijeron, a modo de disculpa, que el Papa no era Dios. Y Santa Catalina, contestó:

“El Papa es el representante de Cristo en la tierra, y por muy mal que se comporten sus prelados, no tenéis derechos a desobedecerlos. ¿Cuántas veces habré de recordároslo? El primer pecado de la humanidad fue la desobediencia. ¿Pensáis acaso que podríais recuperar el Paraíso perdido volviendo a desobedecer?

Estoy seguro que los que atacan al santo Padre en estos tiempos lo hacen por ignorancia, pero desde el momento en que uno se pone en contra del Romano Pontífice, es clara señal de que no está ya en la verdad y que el Amos de Dios no está en él. El Papa podrá como humano hacer algo más o menos oportuno, estar más o menos presionado, gustarnos mucho o poco por sus ideas e inclinaciones, pero ha sido elegido en un Cónclave válido, significa que es cabeza de la Iglesia, que es “nuestro dulce Dios en la tierra”, como decía Santa Catalina, y como tal le debo obediencia. Obedecer en la seguridad completa de que no me equivoco, de que Cristo está en Él y por medio de Él quiere abrazarme.

Ésta es nuestra Fe. Pensar de otra manera es no ser católico, es salirse de la Iglesia. Es tener otra Fe. Es creer al enemigo, que disfrazado de Ángel de luz, me ha engañado, desviado y dañado.
Publicado por mariamensajera @ 9:17  | Artículos
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