viernes, 09 de noviembre de 2007
LA IMPORTANCIA DE LA OBEDIENCIA A DIOS


Leyendo un libro del Padre José L. Urrutia, S.I. sobre la vida de Santa Margarita María de Alacoque, libro que recomendamos por su amenidad al lector, se leen cosas muy interesantes, las cuales me han hecho meditar sobre la importancia de la obediencia a Dios, así como de la responsabilidad y trascendencia eterna que tenemos de nuestras libres decisiones.

Dios quiere siempre proteger y salvar, pero necesita de nuestra respuesta, es decir, de nuestra libre colaboración humana para que pueda Él intervenir favorablemente con su omnipotencia misericordiosa.

Dentro de su plan redentor, todo lo hace a través de la autoridad que ha puesto, y no quiere que ningún instrumento verdadero del Señor, por más gracias o carismas que tenga, se desvincule de la obediencia humana al superior legítimo, sintiéndose liberado o dispensado del santo yugo de la obediencia.

En 1678 fue nombrada nueva superiora una monja poco amiga de las cosas extraordinarias que Margarita María de Alacoque tenía. Esta superiora, después de consultar con algunos directores espirituales, prohibió el hacer la Hora Santa pedida por Jesús los jueves por la noche. Margarita le represento con humildad a la superiora que dicha orden provocaría la ira de Dios, pero la superiora se mantuvo firme en su decisión. La Superiora no creía en Santa Margarita como vidente verdadera y no quería someterse a ninguna imposición caprichosa del más allá. Santa Margarita obedeció, pero la respuesta de Dios no se hizo esperar enviando la muerte repentina de una joven religiosa, lo que provocó el inmediato arrepentimiento de la superiora y la revocación de la desafortunada prohibición,

En otra ocasión le pidió el Señor “que hiciese a favor suyo, por escrito, un nuevo testamento o donación entera y sin reservas, como lo había hecho ya de palabra, de todo cuanto pudiera hacer y sufrir y de todas las oraciones y bienes espirituales que se me aplicasen, ya durante mi vida, ya después de mi muerte”. Por indicación del Señor pidió a su superiora hiciese de notario. Y se grabó en su corazón con un cortaplumas el nombre de JESÚS.

Al año comenzó a borrarse, pero rehizo la herida con la llama de una bujía, lo que le produjo tal herida, que tuvo que decírselo a la superiora, quien la mandó por obediencia el mostrársela a la enfermera. Ella se quejó amorosamente al Señor, quien la curó al momento. Entonces Santa Margarita creyó que ya no tendría que mostrar nada a la enfermera y desobedeció la orden de la superiora, lo que le valió una doble reprensión: humana y divina. Represión de su Superiora humana, que la reprendió muy duramente y la privó de la comunión, además de obligarle a enseñarle la llaga curada a la enfermera; y reprensión del mismo Señor, que hizo que le desapareciera milagrosamente el nombre de Jesús. Con estos ejemplos podemos ver lo que desagrada al Señor la desobediencia.

MENSAJE A LUIS XIV

El Señor quería establecer su imperio salvador desde Francia y proteger al rey de todos sus enemigos, visibles e invisibles. Necesitaba para ello de la colaboración del Monarca francés, de su respuesta generosa, fruto de su fe, pero el rey francés no supo responder y a su nieto le cortarían la cabeza en la guillotina, siendo el final de la Monarquía francesa, y el principio del Reinado de la Masonería. Vean lo que cuenta Santa Margarita.

En 1689 le dice el Señor:

“El Padre Eterno, queriendo reparar las amarguras y angustias que el adorable Corazón de su divino Hijo sintió en las casas de los príncipes de la tierra (A saber: Anás, Caifás, Pilato, Herodes..etc..) en medio de las humillaciones y ultrajes de su Pasión, quiere establecer su imperio en la corte de nuestro gran monarca, de quien desea servirse para la ejecución de este designio, que tendrá lugar del modo siguiente: debe levantar un edificio donde se coloque el cuadro de este divino Corazón para recibir en él la consagración y homenaje del rey y de toda la corte. Además este divino Corazón quiere ser el protector y defensor de su sagrada persona, contra todos sus enemigos visibles e invisibles, de los cuales quiere defenderle, y asegurar su salvación por este medio; por lo cual le ha escogido como a su fiel amigo para que consiga autorización de la Sede apostólica para que se pueda decir la misa en su honor, y obtenga al mismo tiempo los otros privilegios que han de acompañar a esta devoción del Sagrado Corazón.

Por medio de ella quiere concederle a él los tesoros de sus gracias de santificación y de salvación, derramando abundantemente sus bendiciones sobre todas sus empresas, que hará prosperar para gloria suya dando feliz éxito a sus ejércitos, y victoria sobre la malicia de sus enemigos. Dichoso, pues, él si se aficiona a esta devoción, que le conseguirá: un reino eterno de honor y de gloria en este Sagrado Corazón de Nuestro Señor Jesucristo. Él cuidará de elevarle y hacerle grande en el cielo ante Dios su Padre, a medida que este gran monarca se ocupe en reparar ante los hombres los oprobios y abatimientos que el divino Corazón sufrió; lo cual hará tributándole de los otros la honra, amor y gloria que de él espera”

El rey no hizo absolutamente nada, como le confirmó el Señor a Lucía de Fátima, y a partir de desoír el mensaje su esplendoroso reinado cayó en picado con la derrota naval de la Hogue (Normandía 1693), sufriendo numerosos desastres y pérdidas de territorios en la guerra de sucesión (1701) que acabó con la paz de Utrech (1713), la cual hizo perder al rey su preponderancia, lo que no soportó y murió muy triste en 1715.

¿Qué hubiese pasado si hubiese oído el mensaje y aceptado la misión encomendada del cielo?. Seguramente la historia se hubiese escrito de otra manera. Francia hubiese vencido a sus enemigos, lo que le hubiera supuesto a Inglaterra –dice el Padre José Luis Urrutia- la vuelta al catolicismo. Desde el momento en que Luis XIV desoyó el mensaje, su reinado comenzó a decaer. Ese mismo año, Guillermo III de Orange, contrario a Luis XIV, que ya reinaba en Holanda, fue proclamado rey de Inglaterra, destronando al católico Jacobo II.

Es muy posible –en nuestra opinión- que no hubiese habido revolución francesa alguna, que hablásemos de Luis XIV ahora como de un santo y que la Monarquía en Francia no hubiese desaparecido. ¿Existiría la Masonería Especulativa?. Es muy posible que sí, pues el demonio no duerme, pero en Francia al menos no hubiese reinado.


LUCIA DE FÁTIMA (13 de Junio 1929)

Cuenta Lucía de Fátima que había pedido y obtenido permiso de sus superioras para hacer la hora santa de 11 a 12 de la noche, de jueves a viernes. Estando una noche en oración se iluminó de repente toda la capilla “como con una luz sobrenatural y sobre el altar apareció una Cruz de luz que llegaba hasta el techo. En otra luz más clara se veía sobre la parte superior de esta misma cruz el busto de un hombre. Sobre el pecho una paloma de luz y clavado en la Cruz el cuerpo de otro hombre. Un poco más abajo de la cintura, suspendido en el aire, se veía un cáliz y una hostia grande sobre la cual caían gotas de sangre. Esta sangre venía de las mejillas del Crucificado y de una herida que tenía en el pecho. Resbalando estas gotas por la hostia caían dentro del cáliz. Debajo del brazo derecho de la Cruz estaba nuestra Señora con su Inmaculado Corazón en la mano. Debajo del brazo izquierdo unas letras grandes como si fueran de agua cristalina que corriese por encima del altar, formando estas palabras: “Gracia y Misericordia”. Después me dijo nuestra Señora: <>.

“Más tarde –sigue diciendo Lucía- por medio de una comunicación interior, Nuestro Señor, quejándose me dijo: <
Como le dijo Lucía de Fátima a Antonio Colao: Si hubiesen hecho la Consagración en su momento se hubiera evitado muchos males, como por ejemplo la Guerra Civil Española. Se falló en Francia, se falló en España, se falló en Roma. El problema es el siempre: La falta de fe y de respuesta a lo que el Cielo desea para nuestro bien material y espiritual.
Publicado por mariamensajera @ 9:22  | Artículos
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