En la capilla de las Hermanas de Nazaret, nos cuenta Dolores Avalos, hay una representación de Jesús rodeado de ovejas. Hay una muy pequeña con la cabeza hacia arriba. El Señor lleva otra a cuestas. Dolores le dijo al Señor:
Señor, la oveja pequeña soy yo ¿verdad?
Sí, así es. Y la descarriada la llevo a cuestas.
En el Evangelio de San Marcos nos dice Jesucristo que las personas que le seguían “estaban como ovejas sin pastor” (Mc. 6, 34)
La oveja pequeña es la oveja desvalida, sin pastor, aquella que humildemente reconoce su debilidad e impotencia. Es aquella que toda su esperanza la tiene en Dios, pues Él es su única riqueza, el Único en quien se puede apoyar con toda confianza.
La actitud de la oveja que no tiene pastor (Mc. 6, 30-34) tiene que ser algo especial a los ojos de Dios. Imagínate un corderillo recién nacido, que apenas puede sostenerse sobre sus patitas vacilantes, y que mira con sus grandes ojos al pastor, como diciéndole:
<<Sabes lo débil y desvalido que soy, sabes que sin tu ayuda me perderé, que sin ti puedo morir>>.
Así., por ejemplo, Dolores Avalos la dice al Señor:
Tengo miedo, Señor. Ten compasión de mí. Sabes, Señor, que yo soy cobarde y poca cosa.
Sonrío, como siempre, pequeña mía. En verdad eres pequeña y poca cosa en mis manos. Te veo tan insignificante y pobre, que siento hacia ti una gran ternura. Te digo: Pequeña mía, diminuta y trémula. Ven que te cobijaré. Te daré calor –todo el calor que hay en mi divino Corazón-. Estoy contigo y te guardo de todo mal
Jesús tiene una actitud especial hacia estas personas, pues saliendo al encuentro de sus expectativas, el Buen Pastor está dispuesto a hacer por ellas un esfuerzo más, incluso milagros.
Es necesario, por tanto, que nosotros también reconozcamos nuestra debilidad. La actitud de la oveja que no tiene pastor no implica pasividad, al contrario, está llena de dinamismo. Los que escuchaban a Jesús “como ovejas sin pastor” (Mc. 6, 34) fueron muy activos. De hecho, lean el Evangelio de San Marcos y contrástenlo con el de San Juan, no fue fácil caminar y adelantarse a la barca de Jesús y los Apóstoles. Hicieron este esfuerzo sin tener ninguna seguridad de que Jesús todavía quisiera quedarse con ellos.
Quizá por eso le dice el Señor a Dolores Avalos:
Tú, hija mía, debes hacerte fuerte en mi amor. Sabes que estoy contigo y no te abandono, como no abandono a ninguno que crea en mí y ponga en mí toda su confianza
El Señor siente mucha compasión de estas almas y es capaz de cualquier cosa por protegerlas. Por esta actitud realizó el gran milagro de la multiplicación de los panes, anticipo de la Institución de la Eucaristía, presencia milagrosa del pan Vivo en la Iglesia.
Gracias a la actitud de la oveja desvalida, actitud que conquista a Dios, es por lo que Jesús “inventó” el milagro de quedarse en la Eucaristía, una manera de quedarse con nosotros en cuerpo y alma en la tierra –igual que cuando estaba con los apóstoles- pero sin quitarnos el mérito de la fe.
CUANDO LA OVEJA SE CONVIERTE EN PUERCO
San Mateo, nos dice: “No deis lo santo a los perros, ni arrojéis vuestras perlas a los puercos, no sea que la pisoteen con sus patas y se vuelvan para morderos” (Mt. 7, 6)
Es posible que te preguntes qué tiene que ver la oveja desvalida del epígrafe anterior con el puerco que pisotea lo santo. Quizá hayas leído este evangelio, y hayas pensado que Cristo se refería con lo de puerco a otros, a personas ateas, a paganos materialistas o racionalistas sin fe. Craso error. El evangelio es siempre lección provechosa para mí y para ti. ¿Por qué?
Pues, porque la actitud de la oveja desvalida no es algo constante en nuestra vida. Al contrario, permanecer en ese estado requiere una especial vigilancia.
Obsérvalo bien: Cuando seas obsequiado con una gran gracia, una sanación física por ejemplo, no pongas tu confianza en el don sino en Dios, o te expones a la tentación de la vanidad o del orgullo, a la que es muy fácil sucumbir. Eso les pasa a muchos hoy, y así sucedió con los que escuchaban a Jesús. Estaban tan seguros de sí mismos después del milagro de la multiplicación de los panes, que trataron de “manipular” a Dios, decidiendo hacerlo rey. Querían un rey para comer y beber gratis. Un rey, no para hacer la voluntad de Dios, sino para que Dios hiciese la suya.
¡Qué rápido se cerraron a Dios!
“En verdad, en verdad os digo: vosotros me buscáis no porque habéis visto milagros, sino porque comisteis de los panes hasta saciaros” (Jn. 6, 25)
¡Qué gran orgullo debió nacer entre ellos!
Querían tomar por la fuerza a Jesús y decidir por él.
Al principio estaban humildes y abiertos a Jesús, sin doblez alguna, pero cuando vieron el milagro de la multiplicación de los panes y los peces, supieron que Jesús podría remediar todas sus necesidades, dejaron de sentirse débiles y desvalidos, y sin darse cuenta, pasaron de la actitud de la actitud de la oveja que no tiene pastor a la actitud de los orgullosos puercos del evangelio que pisotean las perlas preciosas.
Por eso el Señor, tratando de cambiar su ánimo e intención recta, les dijo: “Trabajad no por el alimento perecedero, sino por el alimento que dura hasta la vida eterna, que os dará el Hijo del hombre, porque él es quien tiene el sello de Dios Padre” (Jn. 6, 27)
LA IMPORTANCIA DE LA OVEJA QUE NO TIENE PASTOR
Imagínate un rebaño de ovejas que sigue las huellas de su pastor. En algún lugar al final, cojeando y arrastrando sus patas lentamente y con mucha dificultad, va la última de ellas. Las demás ovejas corren detrás del pastor, y ésta, a pesar de que también desea ser obediente, siempre se queda al final. Cuando el pastor llama a las ovejas, aquellas que le son obedientes y fieles rápidamente echan a correr y se quedan junto a él. Esta última oveja, aunque también tiene buena voluntad, siempre se queda al final, lejos del pastor, porque no tiene fuerzas y nada le sale bien.
Es posible que en la imagen de esta oveja que va hacia el pastor cojeando te veas reflejado. Tal vez te sientas incluso peor que eso, que te sientas muy pecador y sólo con el deseo de seguir a Jesús, aunque arrastrándote.
Si es así, no te desanimes. Eres como la oveja que no tiene pastor, la oveja desvalida. En un momento puede cambiar tu suerte, pero acuérdate entonces de seguir colgada de la Providencia del Pastor. “Qué tienes -advierte San Pablo- que no lo hayas recibido” (1 Cor. 4, 7).
Las ovejas débiles llegan al lugar del encuentro con Jesús mucho más tarde que las demás. ¡Pero llegan!. Y reciben un gran premio: estar junto al Buen Pastor, tal vez incluso son las que más cerca estarán en el cielo. Es lo que le explica el Señor a Dolores, cuando le dice:
Ya veo que a veces quieres ser oveja gorda y alma grande…pero no puedes. Y yo te digo: Hija mía, veo tu esfuerzo, veo tu intención y te abrazo. Veo cómo te debates por corregirte y cómo quieres que los demás te vean tal y como eres: sin engaños, sin trampa y sin una falsa santidad. Esto atrae tanto mi divino Corazón que, en tu alma tan diminuta, está lo bello, lo atrayente y lo hermoso.
Son interesantes y consoladoras las palabras de Jesús. La oveja desvalida quiere seguir a Jesús, a pesar de que nada le sale bien, y de que los esfuerzos que realiza no dan resultado. Cree que el Buen Pastor ve su deseo de seguirle, su esfuerzo por avanzar por lo menos algunos pasos. Cree que a sus ojos no es importante cuánta distancia logre recorrer, sino lo grande que sea su deseo y su esfuerzo por serle obediente.
Pero ¿qué pasaría si esta oveja que se arrastra comienza a dudar de que el Buen Pastor la ama y la espera? Entonces ocurre algo terrible: la oveja se queda quieta, se encierra en sí misma y desconsolada permanece en la tristeza y la desesperanza. Este sufrimiento, sin embargo, es culpa suya.
Permanecer en la tristeza nunca será una actitud correcta. El Buen Pastor está esperándote. Entonces ¿por qué te detienes? No tiene ninguna importancia alguna que caigas, que las demás ovejas vayan delante de ti, ni que ellas estén ya con el Pastor. No importa que desde el punto de vista humano no haya esperanza de que algún día llegues a estar junto a Él. No te dejes guiar demasiado por tu propia razón. Tienes que empezar a guiarte por la lógica de Dios. Solamente Él conoce el valor del “galope” de la oveja que se arrastra.
Por eso la dice el Señor a Dolores:
Tu sinceridad me atrae constantemente… Pero tú sabes que lo pequeño puede hacerse grande en un instante, en un segundo, en las manos de Dios. Que la pequeña oveja puede ser una oveja hermosa y gorda en sus manos.