Mártir de la Fe- (Córdoba 1915- Jaén 2 Octubre 1936)
Infancia
Fue la de un niño normal, pero con la desgracia de quedar huérfano aún en su tierna infancia. Su tía, a la que quería como a madre, lo recogió y lo educó cristianamente.
Joven alegre, servicial y piadoso, atrajo la atención del Párroco de Pozoblanco (Córdoba) que lo nombró vicepresidente de la Parroquia. Ingresó en el Instituto Social Obrero y pronto lo eligieron como Delegado del Sindicato Católico, cargo en el que puso todo su vigor juvenil y sus conocimientos fuera de lo común. Según testimonio de los que le conocieron, lo más característico de su persona era su condición de apóstol.
Bartolomé tenía una novia, a la que amaba con toda la ilusión de sus 22 años. Ella y su tía eran sus únicos amores en la tierra.
Prisionero
Cuando el 18 de agosto de 1936 los milicianos se apoderaron de Pozoblanco, Bartolomé fue prendido y trasladado a la cárcel de Jaén, donde tuvo la suerte de coincidir con 15 sacerdotes y otros fervorosos seglares.
El corazón le decía que comenzaba su pasión y muy pronto vendría el sacrificio supremo de morir por Cristo. La víspera de su muerte logró escribir dos cartas a sus dos amores que son de un exquisito cariño y de una fe profunda. Por encima de todos los amores estaba el de Dios a quien debemos amar sobre todas las cosas. He aquí unos extractos.
1ª Carta: A su tía y primos: “Prisión provincial de Jaén, 1 de Octubre de 1936.
Queridos tía y primos: Cuando me faltan unas horas para gozar de la inefable dicha de los bienaventurados, quiero dedicaros un último y postrer recuerdo con esta carta. ¿Qué muerte tan dulce la de este perseguido por Jesucristo! Dios me hace favores que no merezco, proporcionándome esta tan gran alegría de morir en su gracia (...) Estoy acompañado de 15 sacerdotes, que endulzan mis últimos momentos con sus consuelos. Miro a la muerte de frente, y no me asusta, porque sé que el tribunal divino jamás se equivoca, y que invocando la misericordia divina conseguiré el perdón de mis culpas por los merecimientos de la Pasión de Cristo. Conozco a todos mis acusadores; día vendrá que vosotros también los conozcáis, pero en mi comportamiento habéis de encontrar ejemplo, no por ser mío, sino porque muy cerca de la muerte me siento también muy próximo a Dios, Nuestro Señor, y mi comportamiento con respecto a mis acusadores es de misericordia y de perdón. Sea ésta mi última voluntad: perdón, perdón y perdón; pero indulgencia que quiero vaya acompañada de hacerles todo el bien posible. Así, pues, os pido que me venguéis con la venganza del cristiano: devolviéndoles mucho bien a quienes han intentado hacerme mal. Si algunos de mis trabajos (fichas, documentos, artículos, etc.) interesan a alguien y pueden servir para la propagación del catolicismo, entregádselos y que los use en provecho de la Religión (...) Espero encontrarme con todos en el sitio adonde embarcaré dentro de poco, en el cielo. Allí os espero a todos y desde allí pediré por vuestra salvación. Os sirva de tranquilidad el saber que la mía en las últimas horas es absoluta con mi confianza en Dios. Hasta el Cielo. Os abraza a todos. Bartolomé.”.
2ª Carta: A su novia: “Prisión Provincial de Jaén, 1 de Octubre de 1936
Maruja del alma:
Tu recuerdo me acompañará a la tumba; mientras haya un latido en mi corazón, este palpitará en cariño para ti. Dios ha querido sublimar estos afectos terrenales ennobleciéndolos cuando nos amamos en Él. Por eso, aunque en mis últimos días, Dios es mi lumbrera y anhelo, no impide que el recuerdo de la persona que más quiero me acompañe hasta la hora de la muerte (...) Al condenarme por defender siempre los altos ideales de la religión, patria y familia, me abren de par en par las puertas de los Cielos (...) cuando me quedan pocas horas para el definitivo reposo, sólo quiero pedirte una cosa: que en recuerdo del amor que nos tuvimos, y que en este momento se acrecienta, atiendas como objetivo principal a la salvación de tu alma, porque de esa manera conseguiremos reunirnos en el Cielo para toda la eternidad, donde nadie nos separará. ¡Hasta entonces, pues, Maruja de mi alma! (...) Hasta la eternidad! Tu Bartolomé”.
En la cárcel se preparó a morir. Uno de los sacerdotes fue su confidente. Quedó admirado de su alma pura y generosa. Le hicieron un juicio severísimo. Bartolomé no ocultó sus creencias católicas. El fiscal solicitó la pena de muerte y el juez la dictó. Al preguntarle si quería alegar algo, contestó que nada tenía que alegar, pues, en caso de conservar la vida, seguiría la misma ejecutoria de católico militante. Bartolomé aprovechó para sacudir aquellas conciencias tan endurecidas por el pecado hablándoles de Dios, de la otra vida y del juicio después de la muerte. El tribunal estaba atónito, e incluso le demostraron admiración por su juventud y sus convicciones religiosas. Bartolomé envió este telegrama: “Celebrado juicio. Pena de muerte. Avisad novia y familia. Tranquilo y asistido. Bartolomé”.
Martirio
Al día siguiente de haber escrito las dos cartas, a las 6 de la mañana los guardianes abrieron las puertas del calabozo diciendo: “Ya es hora”. Bartolomé se despidió del sacerdote amigo que le había acompañado toda la noche y se dispuso a salir. Empezaba un corto Vía-Crucis que le conduciría a la muerte. Quizás entre todos los mártires españoles no ha habido ninguno que pusiera tanto empeño en que su muerte se asemejase a la de Jesús como Bartolomé, y como caso inaudito le concedieron todos sus deseos. Sus compañeros de prisión han relatado muchos detalles interesantes.
1º Pidió a sus verdugos ir descalzo al lugar de su inmolación y se lo concedieron. Al ponerle las esposas las besó con reverencia, dejando sorprendido al guardia que lo maniataba. 2º Al llegar al campo, Bartolomé suplica un nuevo favor; que le dejen escoger el sitio donde ha de ser fusilado. Concedido. Será una vieja encina con sus ramas abiertas en forma de cruz. 3º Le proponen los carabineros rojos recibir las descargas de espaldas. Bartolomé suplica otro favor: “Quien muere por Cristo –dice- debe hacerlo de frente y con el pecho abierto”. Concedido. 4º Pide otro favor: que sea él el que dé la voz de mando para disparar, y aquellos rojos, subyugados por su juventud y valentía, no saben negárselo. 5º Por último, Bartolomé sabe que Cristo en la cruz dijo algunas palabras, y dirige a todos las palabras de perdón y exhortación a convertirse ... ¡apóstol hasta la muerte! Los verdugos sienten que la emoción se apodera de sus almas y las lágrimas acuden a sus ojos. 6º Bartolomé ha dicho y hecho todo lo que tenía que hacer. Abre sus brazos en forma de cruz y grita: “¡Disparad ya! ¡Viva Cristo Rey!”. Y las balas de los fusiles se le clavan como los clavos de Cristo en la Cruz. Bartolomé cae ensangrentado y muerto.
¡¡¡BARTOLOMÉ, MÁRTIR DE CRISTO, RUEGA POR NOSOTROS !!!