miércoles, 05 de noviembre de 2008
“BIENAVENTURADOS LOS QUE TIENEN HAMBRE Y SED DE JUSTICIA, PORQUE SERÁN SACIADOS” (Mt. 5, 6)

“¡Ay de vosotros, los que ahora estáis hartos, porque tendréis hambre” (Lc. 6, 25)

San Lucas manifiesta de manera indirecta, lo que San Mateo expone de modo directo. Lucas amenaza con un futuro de insatisfacción a los abastados de este mundo que pasa, es decir, a los que no padecen esa hambre y esa sed de justicia.

Justicia en la Sagrada Escritura es sinónimo de Santidad. Un justo para los judíos del tiempo de Jesús era un hombre que ajustaba toda su vida a Dios. “Y José que era justo” (Mt. 1, 19), es decir, y José que era un hombre que ajustaba toda su conducta al querer de Dios… que buscaba sólo la gloria divina y no su propio interés personal, “no queriendo denunciarla, resolvió repudiarla en secreto...”

Bienaventurados los que tienen hambre y sed justicia. Es decir: Bienaventurados los que tienen hambre y sed de que se cumpla en ellos la voluntad de Dios. Y en otra parte del Evangelio, se dice: “Si alguno tiene sed que venga a Mí y beba” (Jn. 7, 37). Es decir, si alguno tiene sed de Dios, deseo de perfección, de unirse a Él, que venga a Mí y beba. “Y de su interior –de su seno, dice San Juan- manarán torrentes de agua viva” (Jn. 7, 38)

En el Evangelio, se dice: “Sed perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto” (Mt. 5, 48). La gente de virtud se angustia con estas palabras, y se preguntan ¿Puede alguien ser tan perfecto como Dios? ¿No parece esto soberbia?

Un alma religiosa, le decía en la oración al Señor, “Mi buen Jesús, ¿cómo puedes pedirnos semejante cosa? ¿Cómo podemos nosotros ser perfectos, cuando estamos agobiados de fragilidades y pecados?”

 “Si un alma vive en Mí -le contestó el Señor-, entonces Yo soy la perfección en ella” 

Este grado de perfección puede desearse, esto es lo que significa precisamente tener sed, pero no está en nuestras manos. Es pura iniciativa de Dios. Como decía San Pablo: “Y no vivo yo, ¡es Cristo quien vive en mí!” (Gál. 2, 20)

Quizás por eso le decía el Señor a Sor María Natalia Magdolna:

“No estén angustiados de cómo hacerse santos. Sólo ámenme y sumérjanse en Mí. Piensen siempre en Mí y háblenme. Traten de encontrarme en cada momento de su vida. Yo soy el único que puedo hacerlos santos”

Ese desaliento del que habla el Señor es una tentación. Hay personas que se angustian, porque creen que nunca podrán llegar a ser santas por el ambiente en el que viven. Y esto no es verdad porque la gracia se acomoda a las circunstancias en que el hombre se encuentre. Por eso lo único que nos pide el Señor es que le amemos.

“Si tu Me amas, tú no necesitas pedirme nada. Tú tienes sólo una tarea: ¡Amarme! Todo lo demás te será dado.”

Y en otra ocasión, al verse tan pecadora, la dijo:
“Tu sola preocupación debe ser amarme. Ya no te preocupes más por tus pecados. No trabajes para ser santa, eso déjamelo a Mí. Yo te haré santa. Tu sola preocupación es la de amarme”

YA HA DEJADO DE SER BUENO, QUIEN NO QUIERE SER MEJOR

Bienaventurados los que tienen deseos de unirse y de acercarse a Cristo tan estrechamente, que no puede ponerse otro límite a su amor que la identificación con Cristo, es decir, la perfección de nuestro Padre Dios.

El sentido de estas palabras de Cristo es que vivamos continuamente con hambre y sed de imitar a Cristo, es decir, con aquellos deseos o ansias de ser cada día –si no iguales- sí semejantes a Él. Se trata de una comparación de semejanza, no de igualdad.

Y no se puede poner otro límite, porque en el momento en que el hombre señale un techo a su amor, el alma se detiene. Podríamos decir que los deseos del hombre son infinitos. El amor crece siempre. Y en el momento que nos plantamos nos vamos para atrás. En la vida espiritual pararse es retroceder. O como decía San Bernardo: “Ya ha dejado de ser bueno, quien no quiere ser mejor”

La consecuencia de todo lo dicho es que las almas que se contentan a sí mismas en la vida espiritual, que se sienten ya satisfechas con lo que hacen, que se ven seguras, con cierta riqueza espiritual, quizá porque ayunan, oran y hacen cosas buenas, están lejos, muy lejos, de cumplir esta bienaventuranza. El darse por satisfechas. El verse muy bien, es el estado, el asidero mejor, para crecer en comodidad, vanidad y soberbia. Cuanto más satisfecha es un alma de sí misma, más imperfecta es.

Como le dijo el Señor a Sor María Natalia:

“No puedes permitirte el pensamiento de creerte que eres “alguien”, porque en el momento que esto entra en tu mente, te distancias de Mí y pierdes mi gracia”



Publicado por mariamensajera @ 1:35  | Artículos
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