En la Pardina, en el cursillo de abril, se dieron por parte de una persona algunas visiones durante el rezo del santo rosario del sábado, 2 de abril 2011. No voy a publicar todas, aunque de algunas hagamos referencia posiblemente en algún artículo. En una de las visiones de este encuentro mariano, nos dijo una persona:
“He visto a la Santísima Virgen María en el altar y como ante su vista salían ángeles en ambas filas (como cuando vamos a comulgar), llevando bandejas con rosas rojas y blancas y nos han ido dando flores a cada uno de los que estábamos allí. A unos les daban rosas rojas, a otros blancas, y a otros ambas, rojas y blancas”
“Juntamente a lo anterior, he visto a Jesús con la cruz a cuestas, y detrás le seguían personas cargando con cruces. Las personas que las veían se reían y les tiraban piedras, burlándose de ellas con distintos tipos de menosprecios”
Jesús decía: "Os necesito, sed mis cirineos, sed mis verónicas"
La rosa blanca simboliza el espíritu de oración, y la rosa roja el espíritu de reparación y de sacrificio. Esto no es interpretación personal, sino palabras de la misma Santísima Virgen, bajo la advocación de la Rosa Mística, a la vidente Pierina.
La Virgen le dijo igualmente a Pierina el 8 de diciembre de 1947, en la Iglesia de Montichiari, el siguiente mensaje:
“Tengo preparada una sobreabundancia de gracias para todos aquellos que escuchan mis palabras y toman a pecho mis deseos”
La rosa blanca significa que María es la Hija Purísima del Padre, la Inmaculada y sede de la sabiduría eterna. La rosa roja simboliza que María es la Madre del Hijo de Dios, Madre Dolorosa y Madre de la Misericordia.
La rosa blanca es imagen de la sabiduría de Dios y de la luz, por tanto son gracias que van al entendimiento. Es imagen también de oración, de pureza y de sinceridad. María, la predilecta Hija del Padre Celestial, recibe la gracia con plenitud, la hace florecer dentro de sí, a manera de una maravillosa rosa blanca y la transmite a su hijos.
La Virgen dijo, según San Luis María Grignión de Monfort, al beato Alano de la Roche: “Que cuantas veces se reza como es debido el santo Rosario, colocamos sobre su cabeza una corona de rosas blancas y de rosas rojas, rosas que jamás perderán ni su brillo, ni su color, ni su hermosura”
La rosa roja es imagen del amor de Dios, de la justicia, la misericordia, la redención, la Sangre de Cristo, la cruz, la espada y el poder divino. María hace florecer en una rosa roja y sangrienta, este cúmulo de gracias y con maternal solicitud lo distribuye entre sus hijos, con tal que abran sus corazones para recibirlo y le rindan su amor como quien es: Madre de Dios, Madre de Cristo, Madre del Salvador, Madre de misericordia, Refugio de los pecadores, Madre dolorosa y Reina de los Mártires
En la visión se ve, juntamente con la distribución de las gracias o virtudes, representadas en rosas de uno u otro color, a Jesucristo con la cruz a cuestas, y detrás iba personas que le seguían con su respectiva a cruz, en unión del Señor, y por la que reciben insultos, burlas y hasta alguna violencia física o moral, como es el hecho de arrojar piedras sobre ellos. Jesús no pide más que aguante paciente y misericordia, esto es, amor y paciencia. No devolver el mal. Necesita de nosotros que soportemos las posibles injurias para poder Él seguir redimiendo, obteniendo la conversión de otros muchos. Por eso dice al final:
“Os necesito, sed mis cirineos, sed mis verónicas”
Jesús necesita de nuestra colaboración para poder salvar. Esto implica soportar la cruz. Como decía el Padre Pío: “Jamás me ha pasado por la cabeza la idea de vengarme: he rogado y ruego por los que me denigran. Sí, que alguna vez he dicho al Señor: “Señor, si para convertirlos es necesario algún latigazo, dáselos también, con tal que se salven” (AD, 127)
No está pidiendo el Señor a los cursillistas una identificación total con Él en el ara de la cruz, a imitación del alma víctima, al menos no de momento, pero sí que soportemos algún latigazo en pago de nuestros pecados, y que con esa actitud le acompañemos en la Pasión hasta el Calvario, bien como cirineos (rosas rojas), bien como verónicas (rosas blancas), o bien con ambas actitudes (rosas rojas y blancas), y así no sólo salvaremos nuestra alma, sino que además de darle a Jesús algún consuelo con nuestra valiente y misericordiosa postura, colaboraremos con Él en la salvación de otros.
Juan Carlos Sánchez Ventura