Mi?rcoles, 23 de mayo de 2012

“Trabajemos en la viña del Señor, para hacernos merecedores del denario cotidiano. Trabajemos para obtener la sabiduría, ya que ella afirma: Los que trabajan para alcanzarme no pecarán”, dice San Bernardo. (Libro de Liturgia, Tomo III)

“El campo es el mundo”, nos dice Jesús en la parábola del sembrador, la viña esla Iglesia, Jesús esla Vid, pero tanto el campo como la viña es también mi alma. Trabajemos en ese campo, removamos la tierra, quitemos con la gracia del Espíritu de Cristo los espinos, y atendamos su Palabra.  “Si hoy escuchas su voz, no endurezcáis el corazón”, dice el salmo (sal 94). En ese campo se halla escondido un tesoro que debemos desenterrar. Tal es la sabiduría que ha de ser extraída de lo oculto dela Palabra. Todos la buscamos. Todos la deseamos. “Buscad al Señor, mientras se deja encontrar; invocadlo, mientras está cercano” (Is 55, 6).

“Si has hallado la sabiduría – vuelve a decir San Bernardo, has hallado la miel”, pero el mismo santo nos previene de algo tan enigmático como curioso: “procura no comerla con exceso, no sea que harto de ella la vomites

La sabiduría es la Palabrade Dios, que nos fecunda, haciendo en nosotros un nuevo ser. Pero “la Palabra está cerca de ti: la tienes en los labios y en el corazón”, dice San Pablo (Rom. 10, 8-13); y San Bernardo lo explica: “Tienes en el corazón a la Palabra sólo a condición de que la busques con un corazón sincero. Así es como encontrarás la sabiduría en tu corazón, y tu boca (lo que prediques) estará llena de inteligencia, porque será conforme a tu fe”, en una palabra:  harás la Voluntad de Dios. Y vuelve a repetir eso que decíamos antes: “...pero vigila que esta abundancia de tu boca no se derrame a manera de vómito” 

¿Por qué San Bernardo insiste tanto en el vómito? ¿Cómo puede hacer daño la sabiduría, al igual que la miel, por comer en exceso? ¿Acaso no dice el libro dela Sabiduríaque el que come tendrá más hambre? ¿No dice Jesucristo,la Verdad Eterna, que son bienaventurados los que tienen hambre y sed....?.

Ciertamente Jesús llama felices a los que tienen hambre y sed de santidad (justicia), pero esta vigilancia sobre uno mismo se refiere al conocimiento escudriñador del que uno puede hartarse. El que conocela Escritura,la Palabrade Dios, tendrá más hambre de ella, ciertamente, pero debe tener cuidado uno de llenarse de sí, teniendo por mucho lo que ha alcanzado, o podría vomitarlo y perder lo que pensaba poseer, por haber dejado de buscar antes de tiempo. Si el deseo de Dios (la miel) se queda en mí, en un conocimiento más especulativo que místico, sin llevar esos conocimientos a la oración y a la edificación de los hermanos, podría esa sabiduría dañarme, al igual que la miel cuando se come en exceso. Lo verán más claro en el siguiente versículo:

“Como la miel daña –según dice el Sabio – así el que se mete a escudriñar la majestad será oprimido por su gloria”. (San Bernardo. Tomo III de las Horas)

Por eso hay que tener cuidado en querer saber cosas del futuro, de las que el Papa ya nos ha advertido del peligro.La Iglesiacondena esas profecías milenarias terroristas.  A muchos tantos conocimientos de mensajes les está dañando, porque no viven el hoy.  “Si hoy escuchasla Vozdel Señor...”, pero parece que algunos no tienen tiempo para esto, porque están muy ocupados en el futuro. El diablo quiere que estemos en el futuro o en el pasado, pero que no pensemos en el hoy.  Deja el pasado a su Misericordia y el futuro a su Providencia. Tú, busca hoy a la sabiduría encarnada, a Jesús, mientras se deja encontrar. Esas profecías catastrofistas, llenas de terror, no te traerán jamás la salvación. Te cambiarán la verdad por la mentira.

¡Arrepiéntete y cambia!, nos dice igualmentela Virgen Maríaen sus apariciones de Medjugorje. ¡Arrepiéntete hoy!, mientras puedes, con sincero corazón. Es aquello del Evangelio citado: “la Palabraestá cerca de ti: la tienes en tus labios y en el corazón”. Es algo personal. Que me vale con saber que dos terceras partes de la humanidad se hundirán en el abismo, si yo no me convierto. Lo importante es que yo esté preparado.

EL MENSAJERO DE DIOS

Sobre esto dice igualmente San Bernardo:

En tres cosas se conocerá que tu boca está llena en abundancia de sabiduría o de prudencia. Si confiesas de palabra tu propia iniquidad, si de tu boca sale la acción de gracias y la alabanza, y si de ella salen también palabras de edificación.

Por estas tres cosas se conoce igualmente si el mensajero o profeta es de Dios o no. En efecto, por la fe del corazón (dice San Pablo) llegamos a la justificación, y por la profesión de los labios a la salvación. Son dos cosas. Lo primero que hace el justo al hablar es acusarse a sí mismo. Uno confiesa su pecado, su propia iniquidad, algo que sin humildad (conocimiento de mi bajeza o miseria) nunca podría hacer. El que confiesa de corazón su miseria, llega a la justificación, como le pasó al publicano del Evangelio.

Pero para salvarse hay que profesar (testimonio de fe, obras) con los labios lo que Dios ha hecho en mí. “Por la profesión de los labios, llegamos a la salvación”, dice el Apóstol.  Se trata de los otros dos puntos mencionados por San Bernardo: Que de mi boca salga alabanza y acción de gracias por sentirme perdonado; y edificar al prójimo, es decir, llevar mi testimonio a otros, como hizo San Pablo, San Agustín o el Buen Ladrón. O como actualmente están haciendo tantos apóstoles, nuevos conversos, hermanos nuestros, que se convirtieron de su mala vida, y están dando público testimonio de lo que Dios sin merecerlo ha hecho en ellos. Son los casos de Marino Restrepo, Gloria Polo, Patrick and Nancy, Dr. Ricardo Castañón...

El hombre ha sido creado por Dios, decía San Ignacio de Loyola, para alabar a Dios, reverenciarle y servirle, y mediante esto salvar su alma. El dar público testimonio de mi fe es el servicio, “la profesión de los labios”.

Nosotros, los bautizados, los que hemos conocidola Iglesia(la Viña), somos responsables de los otros. Somos vehículos del Espíritu Santo de los demás. De todos los que pasan por nuestra vida. 

“El regalo más grande que tenemos es la Iglesia Católica”,  dice Marino Restrepo. Y añade: “de ahí nuestra responsabilidad”.  Y San Pablo, dice. “Mi galardón es poder predicar gratuitamente el Evangelio,  esa es ya mi paga.... (1 Cor. 9, 18). Y anteriormente había dicho:  “¡ay de mí si no predicare!” (1 Cor. 9, 16)

“Trabajar en vuestra salvación con temor y temblor”, dice San Pablo (Fil. 2, 12).  Que nadie se crea ya salvado, porque nadie merece el Cielo. Dios salva al humilde por Su infinita Misericordia, por los méritos de Cristo. Dios salva a aquel, que viendo su miseria por gracia de Dios, clama al Cielo para ser sanado. De ahí de la importancia de esa iluminación de la conciencia de la que se nos habla en Garabandal, de ese dolor espiritual de nuestros pecados, necesario para reconocer nuestra iniquidad y poder Dios sanarla. ¿Cómo voy a profesar con los labios nada, si aún no estoy justificado porque me considero como el fariseo justo?  “Porque estás diciendo: Yo soy rico, y hacendado y de nada tengo falta: y no conoces que eres un desdichado, y miserable y pobre, y ciego y desnudo” (Ap 3, 17)

El que critica a otro no es humilde, es un alma desnutrida que no puede amar, dice Marino Restrepo. El que entra en juicio contra otro hermano, el que se considera ya justo porque va a misa, reza el rosario, ayuna o hace limosna..., pero guarda rencor o sentimientos de desamor hacia su compañero de oficina o cónyuge que le traicionó, no puede ser justificado, a pesar de sus magníficas obras, porque no vive la fe del corazón, no es humilde de corazón. Por eso necesitamos pedir a Dios constantemente que nos muestre nuestro hombre interior, en una palabra, que nos conozcamos.

“En Dios vivimos, nos movemos y existimos” (Hch. 17, 28) Si no perdono al otro, como dice Marino Restrepo en su testimonio, no podré ver jamás el rostro de Dios, porque en el rostro de Dios está el otro. Cristo es el Árbol dela Vida, y cada sarmiento o rama es un hermano de Cristo. Si rechazas a tu hermano, rechazas a Cristo. Pídele a Dios que te muestre tu miseria (en eso consiste el Aviso), y cuando la veas clamarás con temor y temblor por tu salvación. Cuando la veas, te compadecerás de la miseria de tu hermano, y podrás  perdonarle con sincero corazón. 

Juan Carlos Sánchez-Ventura Ferrer

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Publicado por mariamensajera @ 13:55  | Art?culos
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